viernes, 2 de febrero de 2018

MENSAJEROS DE VIDA


Tomasz Mackiewicz, conocido como Tomek (1975-2018)

Una cama de nieve y estrellas

Por Francisco Apaolaza

En los años 90, Tomek Mackiewicz  era un yonki. Después cambió el 'caballo' por la montaña. En las fotos que hay de él, mira el mundo con dos ojos azules, satisfechos y calmados como un muelle de verano. Pasó ocho años en el Nanga Parbat en Pakistán, enfrascado en la obsesión de hacer cumbre en invierno en la montaña asesina. La semana pasada lo consiguió acompañado de Elisabeth Revol. Al descender, las cosas se pusieron feas. Estaban congelados, y él sufría un edema pulmonar. Denis Urubko y Adam Bielecki formaron una expedición de rescate y se tiraron a buscarlos. Saltaron de un helicóptero y subieron 1.200 metros en ocho horas, de noche, con viento y a 40 bajo cero. De pronto, en la oscuridad, Urubko, que jadeaba como un perro, vio un bulto moverse unas decenas de metros más allá y gritó "¡Elisabeth... me alegro de verte!". Revol negociaba cada paso con la desesperación y el abandono, que siempre es la muerte. Veinte metros por hora. Había tenido que abandonar a Tomek, que sufría un edema severo y quién sabe lo que le dijo al dejarlo durmiendo en su cama de nieve y estrellas. Los rescatadores no pudieron llegar a él. 
 Los montañeros son mensajeros de vida, incluso los que mueren, porque financian los sueños de los que nunca osaremos mirar a la suerte tan de cerca y tan a los ojos. Zerain, Iñurrategui, Iñaki Ochoa de Olza... No sé si valió la pena. No sé si hay que abordar solamente los retos que valen la pena. Tendremos que hacer las cosas por existir tal como somos y seguir las fuerzas que nos impulsan a escapar de las vidas en Excel y los sueños de estación de metro. Existir un día como un tigre mejor que cien años como una oveja. 
 Cada uno de nosotros tiene un Nanga Parbat y el deber de atacarlo si no quiere darse cuenta un día de que ha vivido como un mierda. Los alpinistas nos salvan del por qué no lo hice, por qué no me atreví, del por qué no la llamé. Sus pequeños cuerpos acunados en su cama de nieve, cielo y estrellas son un monumento al único ejercicio exclusivamente humano: soñar. Mikel Laboa lo escribió en euskera en 'Txorian Txori', una de las canciones más bellas que se han escrito, y en castellano viene a decir esto: "Si le hubiera cortado las alas/ habría sido mío/ no se me habría escapado./ Pero así habría dejado de ser pájaro/ y yo lo que amaba era el pájaro".
(Diario Sur, 1 de febrero de 2018) 


 Releo las estrofas de la canción y me reafirmo en la idea de no cortarle las alas al agapornis que nos han regalado. Luego vuelvo a pensar en todos esos soñadores que se quedaron en la montaña, a los que su familia tampoco quisieron cortarles las alas. Si la vida es un soplo, el de ellos fue un soplo intenso. Descansen en paz.

Tiberio, 1 de febrero de 2018 (Fotografía: Pedro Delgado)

domingo, 7 de enero de 2018

PROPÓSITOS PARA EL NUEVO AÑO


Los propósitos para el nuevo año no pueden quedar en el olvido. Sólo hace falta voluntad, aunque a veces se necesite que esta sea de hierro. Y bueno, como decía el otro día Íñigo Domínguez en el suplemento Ideas de El País, saber que todo es ponerse.
"Londres, 1872. Número 7 de Savile Row, mansión de Phileas Fogg. 
–Passepartout, creo que he hecho una estupidez. No debiste servirme ese cuarto martini, sabiendo que iba a ver a esos mentecatos del club. 
–Señor Fogg, anímese, mírelo de forma positiva, veremos mundo. 
–No sabes lo que estás diciendo, no nos dará tiempo a ver nada, tenemos que ir corriendo. 
–Algo veremos, correremos aventuras, conoceremos chicas. 
–Querido Passepartout, perderé toda mi fortuna con esta apuesta. Mejor que pensemos en un plan alternativo. Baja las persianas, llena la casa de víveres, cerveza, carnes frías y oporto, y vamos a hacer como que nos hemos ido. Luego salimos dentro de 79 días y a ver si cuela. 
–Señor Fogg, me decepciona usted. Voy a hacer la maleta y salimos en una hora. No quiero excusas. 
–Me da mucha pereza. Había una obra de teatro que quería ver..." *
No les hablaré hoy de mi propósito para el 2018, no sea que no lo cumpla. Mejor, si llega el caso, desvelarlo en diciembre. Pero recuerden: ante la pereza, voluntad. Y si es de hierro, mucho mejor.

*El texto de guasa entrecomillado pertenece al artículo Todo es ponerse, de Íñigo Domínguez, aparecido el domingo 31 de diciembre de 2017 en el suplemento Ideas del diario El País. Pueden leer más edificantes y simpáticos ejemplos pinchando sobre el enlace.



jueves, 4 de enero de 2018

jueves, 28 de diciembre de 2017

FOTOS DE LA FIRMA EN LA LIBRERÍA PROTEO PROMETEO DE MÁLAGA


Pedro Delgado con Milagros y Francisco de la librería Proteo Prometeo de Málaga
Fotografía: Lucía Rodríguez

Muchas gracias a la librería Proteo Prometeo por organizar el evento y a todos los que os acercasteis en busca de una dedicatoria. Aquí os dejo algunas fotos de la tarde.

Firma de Carta desde el Toubkal en Proteo Prometeo
Fotografía: Pedro Delgado

Pedro Delgado en la firma de su libro Carta desde el Toubkal
Librería Proteo Prometeo Málaga, 22 de diciembre de 2017
Fotografía: Lucía Rodríguez

Pedro Delgado con José Antonio Castillo, autor de La vuelta al mundo en 80 Foggones

Pedro Delgado con Marina, otra enamorada de Marruecos

Pedro Delgado con Mar, voluntaria de la ONGD Proclade Bética en el Hogar Lerchundi de Tánger
¡Ojalá se cumpla este verano tu sueño de subir al Toubkal!

Lucía Rodríguez y Pedro Delgado en la librería Proteo Prometeo de Málaga
22 de diciembre de 2017

 En estas fechas, regalad libros. Para vivir otras vidas, para viajar más lejos... Hay mucho donde elegir, pero si te decantas por Carta desde el Toubkal puedes pedirle a la librería Proteo un ejemplar con mi firma y una dedicatoria. Y si vives fuera de Málaga, ellos te lo harán llegar por mensajería a casa.


jueves, 21 de diciembre de 2017

FIRMA DE LIBROS EN PROTEO



Este viernes 22 de diciembre, a partir de las 18:30, estaré en la librería Proteo y Prometeo de Málaga departiendo con los lectores y firmando ejemplares de mis libros. A los asistentes se les obsequiará con un bonito marcapáginas.


 Me acompañarán en la firma el africanista y viajero Luis Temboury, autor de los dos tomos de Nuestros nobles parientes, y Fernando Bonilla, con su libro Esencias de Málaga.



 Si todavía no sabes qué regalar estas navidades, regala libros con dedicatorias. Y si vives fuera de Málaga, solicítale a la librería Proteo un ejemplar firmado y dedicado por el autor y ellos te lo harán llegar por correo a casa.


Librería Proteo y Prometeo
C/ Puerta Buenaventura nº 3
Málaga

sábado, 2 de diciembre de 2017

ZIARA, MÁS ALLÁ DEL UMBRAL


Presentación del documental Ziara, más allá del umbral de Sonia Gámez
Centro de Estudios Hispano Marroquí (Fotografía: Pedro Delgado)

El azar quiso que la presentación del documental Ziara coincidiese el pasado viernes en Málaga con el Black Friday, el encendido del alumbrado de Navidad y el concierto de Andy y Lucas en el centro, pero también con la mayor masacre terrorista perpetrada en Egipto. Quizás esta última coincidencia fuese una señal, desde el otro mundo, de todos esos sidis o santos que ven como profanan sus tumbas; una denuncia extrasensorial del acoso que sufre la comunidad sufí en el mundo árabe, y que entronca con uno de los temas del documental, centrado en el moratibismo (sincretismo religioso formado por las antiguas tradiciones animistas, el islam y el misticismo sufí) y los morabitos del Rif en Marruecos.

 En mis viajes por el Magreb, Oriente Medio y el África negra visité muchos de esos morabitos o ermitas morunas, y algunos de ellos aparecen en mis libros, como los santuarios de Sidi Chamharouch y Sidi Ifni en el alto Atlas. Sabía del desprecio que los salafistas sienten por esos lugares, pero desconocía el hostigamiento al que los más extremistas están sometiendo a los sufís, a los que acusan de herejía y de practicar la magia negra. Afortunadamente, en Marruecos la sangre no ha llegado al río como en el Sinaí, donde más de 300 sufíes fueron asesinados de forma despiadada por los yihadistas del ISIS, pero son muchos los morabitos profanados; como también son muchas las amenazas que sufren los musulmanes que profesan la mística doctrina. Ninguno de los que aparecen en el documental renuncia a sus creencias por miedo, aunque todos se ven “obligados” a insistir en que no le rezan al santo, sino a Dios. Como si en pleno siglo XXI uno no pudiese rezarle a quien le diese la gana. O no rezarle a nadie, que son muchos los ateos que he conocido por esos lares que han de ocultar su condición para no tener problemas.

Juan José Ponce y Sonia Gámez en la presentación de Ziara, más allá del umbral
Centro de Estudios Hispano Marroquí de Málaga, 24 de noviembre de 2017
Fotografía: Pedro Delgado

 Sonia Gámez Gómez, la directora del documental, llegó al Centro de Estudios Hispano Marroquí directamente del aeropuerto. Tras un vuelo desde Melilla, su ciudad natal. Morena, menuda y leve, con un corte de pelo que me recordaba a la Veneciana Stevenson de Hugo Pratt, me pareció una mujer valiente y decidida. Profesora de Historia en la Universidad de Educación a Distancia, ha realizado un laborioso proyecto de investigación antropológica sobre el moratibismo y las tradiciones populares en la región de la Guelaya, un trabajo que inició en 2009 con la ayuda del Instituto de las Culturas de Melilla y el Instituto de Cultura Mediterránea, distinguido con el Premio SGE Patrimonio Geográfico que otorga la Sociedad Geográfica Española.

Juan José Ponce y Sonia Gámez en la presentación de Ziara, más allá del umbral
Centro de Estudios Hispano Marroquí de Málaga (Fotografía: Pedro Delgado)

 Aquí les animo a ver la presentación del documental y el diálogo abierto tras la proyección en el Centro de Estudios Hispano Marroquí de Málaga. Y también les brindo la posibilidad de ver el tráiler y el documental entero.




Vídeos grabados por Pedro Delgado

Tráiler:
https://vimeo.com/66661314

Documental:
https://vimeo.com/164393230

Proyección de "Ziara, más allá del umbral" en el Centro de Estudios Hispano Marroquí de Málaga
Fotografía: Pedro Delgado

domingo, 29 de octubre de 2017

HASTA ARRIBA


Hasta arriba de W. E. Bowman (Editorial Blackie Books)
Fotografía: Pedro Delgado

Tenía ganas de leer Hasta arriba del ingeniero y escritor británico W. E. Bowman (Scarborough, 1911-1985). La portada de Sergio Membrillas y la pegatina dorada que le habían añadido los de Blackie Books actuaban sobre mí como un imán. "Un clásico del humor y del alpinismo" se leía en ella, junto a la aseveración del también escritor Bill Bryson de que tenía en las manos el libro más divertido que él leyó en su vida.
 Por todo ello, el listón estaba muy alto cuando ataqué las primeras páginas de Hasta arriba; aunque no tan alto como los 40.000 pies y medio de altura del Kurda Rarí (Rum Doodle en la obra original), la montaña que pretenden ascender los protagonistas. Que esos 40.000 pies de altura equivalgan a 12.192 metros nos da una idea de lo disparatado de la empresa. Y más todavía cuando empezamos a conocer a los integrantes del equipo, a cual más incompetente.
 ¿Pero es realmente Hasta arriba un libro de humor? En la contraportada han tenido a bien añadirle el adjetivo "británico" al sustantivo "humor", lo que puede orientarnos sobre esta cuestión, pues lo que entendemos por humor aquí abajo, en Andalucía, no tiene nada que ver con lo que entienden en las islas británicas. Tal vez si el libro lo hubiese traducido Pablo Carbonell, a su manera, podríamos hablar de un libro de humor humor. Lo que sí es Hasta arriba es una sátira, para la que el autor tomó como modelo el relato que escribió Bill Tilman en 1937 sobre su expedición al Nanda Devi.

Grabado antiguo de una expedición alpina, obra de Whymper SC

 Que Bowman parodiase el mundo de las expediciones alpinas no fue ningún handicap para que la novela se convirtiese en libro de culto para varias generaciones de alpinistas, habiendo sido ya publicada* en 2001 por la Editorial Barrabes; la misma editorial que publicó mi novela Neguinha la garimpeira en 2007.

*con el título Al asalto del Khili-Khili.

 Junto a la sátira y la parodia, Bowman cuela en el texto sentencias y descripciones brillantes:
Cuando estás colgando indefenso del extremo de una cuerda de 100 pies de largo es importante saber que el hombre que hay en la otra punta es un verdadero amigo.
*** 
Quedaban, pues, Constant y Propens; pero no me convencía en absoluto este emparejamiento: ambos tenían esas maneras de eruditos que podían resultar opresivas en el interior de una tienda pequeña. 
 ***
No quisiera cansar al lector con un relato de los pasos que Puag y yo recorrimos hasta desarrollar nuestro lenguaje de signos y poder por fin comprendernos. Habrá quien lo crea imposible pero, como a menudo he tenido ocasión de recalcar, la buena voluntad es la mejor de las intérpretes. 
*** 
Con todo, en la cima del Chincha Rabí nos sobrecogió la visión de aquel prodigioso bastión que alzaba su majestuosa cabeza contra el cielo despejado. Estábamos allí plantados cuando Constant habló por todos nosotros. 
–Tiene el porte de una diosa, como si desafiase a todo aquel que cometa el sacrilegio de pisar su inmaculado santuario. Se elevó un murmullo de consenso. En ese momento nos sentimos muy pequeños ante la inmensidad de la empresa que nos habíamos propuesto y, por una vez, elevé una ferviente súplica para que no me fallaran las fuerzas en el suplicio que teníamos por delante. En momentos así, un hombre se siente muy cerca de sí mismo. 
 ***
Me felicité por cómo había dispuesto los grupos: para que dos hombres fueran capaces de mantener una conversación animada tras varias horas de dura caminata a 15.000 pies, tenían que ser sin duda espíritus afines. Una de las recompensas más sustanciosas del liderazgo es recoger los frutos de los manejos que uno hace del elemento humano.
*** 
Miré hacia la cumbre del Kurda Rarí, tan serena en su pureza virginal, y tuve la impresión de que la diosa de la montaña estaba mirando con desdén a las insignificantes criaturas que habían puesto un pie sacrílego en sus taludes y las retaba a dar lo máximo de sí mismas.

 Reseñar que esta reedición en tapa dura de Blackie Books nos llega con una nueva traducción de Julia Osuna, quien ha tenido que lidiar con muchos términos que en el original escondían dobles sentidos y juegos de palabras. De ahí que se llame Puag el insufrible cocinero, o Chi Ko, Reta Ko y Ta Pong tres porteadores menudos y robustos.

 Y no se me ocurre mejor colofón que dejaros el sketch que protagonizaron los Monty Python sobre una expedición de peluqueros al Everest.


Lo que yo habría dado por verlos protagonizar la escena del champán en la grieta y oírlos entonar desde el fondo My Darling Clementine.


Este último (se refiere al médico de la expedición) había contraído la rubeola, pero estaba en las mejores manos, las suyas.
*** 
Pasamos por muchas aldeas cuyos habitantes eran invariablemente huraños y antipáticos, salvo cuando Constant (se refiere al traductor) hacía sus acercamientos, que se volvían hostiles.
*** 
Pronto estuvimos riendo de nuevo, mientras relatábamos una y otra vez nuestras aventuras. Todo el mundo quería hablar y nadie escuchar.

domingo, 24 de septiembre de 2017

CUADERNOS DE TIEMPO: FEZ


Tríptico de Fez (detalle). Obra de Javier Peinado Huertas

El pasado jueves asistí con Lucía a la inauguración de la exposión Cuadernos de tiempo del artista malagueño Javier Peinado Huertas. Ellos se conocen desde el año 2012, cuando ambos fueron becados para el I Curso de Realismo y Figuración que impartió Antonio López y Andrés García Ibáñez en Olula del Río, por lo que pudimos conversar con él acerca de su pintura y sus viajes, ya que las obras que Javier nos muestra forman parte de la serie denominada Cuadernos de viaje, lienzos en los que el artista evoca recuerdos y sensaciones de su paso por diversas ciudades: Bram, Bucarest, Londres, Glasgow, Barcelona, Toledo, Passau, Frankfurt, Colonia, Venecia, Verona, Essaouira, Fez..., postales internacionales que rehuyen los estereotipos pues Peinado Huertas, salvo algunas excepciones, se ha tomado la molestia de detener la mirada donde no solemos hacerlo los demás.

 Entre esas excepciones a las que me refiero hay tres cuadros de Marruecos: una vista expresionista del puerto de Essaouira, con su abigarramiento de barcos y barcas, y dos vistas más impresionistas de las curtidurías de Fez.

Essauira. Óleo sobre cartón, 70 x 50 cms. Obra de Javier Peinado Huertas


Fez II. Óleo sobre tabla, 60 x 40 cms.
Obra de Javier Peinado Huertas


Tríptico de Fez. Óleo sobre lienzo, 90 x 200 cms. Obra de Javier Peinado Huertas

 Al volver a casa, y tal vez bajo la influencia de ese último tríptico, cogí de una de las estanterías Dias y Viajes (Seix Barral, 1993) donde Paul Bowles incluye un escrito acerca de Fez. Busqué sus páginas, y leí lo que subrayé a lápiz hace años:

Pregúntale a Sidi Driss por qué no está interesado en ver un automóvil. Responde: "¿Para qué? Las ruedas giran rápido, sí. El claxon hace ruido, sí. Llegas antes que si fueras en mula, sí. ¿Pero a qué llegar antes? ¿Qué haces cuando llegas que no podrías hacer si llegaras más tarde? Tal vez los franceses creen que si van más rápido la muerte no podrá alcanzarlos." Y se ríe, porque cree que Occidente quiere huir de un destino que ya ha sido fijado, que está "escrito", como se dice en árabe; naturalmente,  cualquier intento semejante está condenado al fracaso.

No hay calles propiamente dichas en la ciudad, y ni los automóviles ni los autobuses pueden entrar; como el terreno no es llano y los pasajes se convierten a menudo en escaleras, tampoco las bicicletas se pueden usar. Todo lo que se mueve dentro de las murallas anda por su pie, así que nadie toca timbres ni bocinas. Lo que surge de la ciudad día tras día es un murmullo: doscientas mil voces humanas transformadas en un único sonido. De noche hay un silencio absoluto, a no ser que las mujeres de alguna casa hayan subido a tocar tambores en la azotea. Cinco veces al día los muecines llaman a la oración desde los alminares de las mezquitas, como en todas las ciudades musulmanas; pero aquí hay más de mil mezquitas, y todas son audibles desde las colinas en los alrededores. Poco después de la oración del alba —y ésta es una costumbre peculiar de Fez—  los muecines cantan durante media hora o más. Si uno puede imaginarse a cien potentes cantadores de flamenco colocados en distintos puntos y echando sus canciones desde los alminares que dominan la ciudad silenciosa, uno puede entender por qué el efecto es electrizante.

Los habitantes de Fez siempre han sabido vivir. [...] En sus vidas hay una absoluta ausencia de tensión nerviosa, una total ignorancia de lo que significa aburrirse, y esto contribuye a que se sientan satisfechos con existir solamente, algo que muy pocos occidentales pueden conseguir. 


Cuadernos de Tiempo
Javier Peinado Huertas
Ámbito Cultural El Corte Inglés de Málaga
Del 21 de septiembre al 3 de noviembre de 2017
De 10:00 a 22:00

Cuadernos de tiempo, Exposición de Javier Peinado Huertas en el Ámbito Cultural del Corte Inglés

Nota: Los textos de Días y Viajes de Paul Bowles pertenecen a la primera edición de Biblioteca Breve de Seix Barral, y han sido traducidos por Rodrigo Rey Rosa.

jueves, 14 de septiembre de 2017

UN PULSO EN ORIENTE PRÓXIMO


Recién llegado a Tirana recibí un correo de mi hermano Marcial en el que me adjuntaba un artículo de Jorge Dezcallar sobre el pulso que están manteniendo Qatar y Arabia Saudí en Oriente Próximo. El texto aparecía en Página tres, la sección de opinión que tiene el diplomático en el diario digital El Confidencial. El tema me interesa, y aunque en mi blog de atletismo Calle 1 le he dado algo de caña a Qatar por asuntos deportivos, la postura hipócrita y el matonismo saudí hacen que esta vez me decante por los de Doha. Es por eso que pensé en escribir algo al respecto cuando hiciese algún alto en el camino, pero los días se sucedieron sin tiempo para ello. Ahora, ya de vuelta de mi largo viaje por Albania, les traigo aquí las doctas palabras de Dezcallar,  fundamentales para entender el embrollo que se está montando en el Cercano Oriente.


¿Una crisis artificial?
Por Jorge Dezcallar

 

Han exigido unas condiciones a Qatar de tan imposible cumplimiento que no sabe uno si lo hicieron por arrogancia y para humillarle o porque en realidad no querían solucionar nada


Vista aérea de Qatar. (Reuters)

Lo que parecía un rifi-rafe de patio de vecindad se fue convirtiendo con el paso de los días en una crisis seria que se añade a las muchas que ya hay en el Medio Oriente. Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, irritados con la política independiente de Qatar, han arrastrado en su enfado a Egipto, Bahrein y un par de países más y juntos le han impuesto un bloqueo político, diplomático, comercial y aéreo. Y para levantarlo le han exigido unas condiciones de tan imposible cumplimiento que no sabe uno si lo hicieron por arrogancia y para humillarle o porque en realidad no deseaban solucionar el problema. Como lo segundo no parece razonable, hay que concluir que la primera razón es la buena y eso significa no conocer a los catarías, que pueden ser pocos (200.000) y vivir en un país pequeño pero que tienen tanta dignidad como el que más.
 En mi opinión, los motivos de irritación de Arabia Saudita, de los Emiratos y de Egipto son perfectamente comprensibles desde su punto de vista y tienen que ver, sobre todo, con la libertad informativa de que goza la cadena televisiva al-Jazeera en una región donde eso no se estila, y con las críticas que desde ella reciben. Al parecer es más fácil tratar de matar al mensajero que analizar y subsanar las carencias propias. Pero no es solo eso sino que están enfadados porque intentan formar una coalición sunnita contra Irán para complacer a los EEUU y la política independiente de Qatar se lo complica. Además Qatar acoge a refugiados políticos de sus países y exigen que se los entreguen, así como que se paren las obras de una base militar que los turcos están construyendo cerca de Doha; y como guinda quieren que Qatar deje de apoyar al terrorismo y en especial a los Hermanos Musulmanes, que el presidente egipcio al-Sisi quiere declarar como una organización terrorista sin lograr que los norteamericanos o los europeos atiendan su petición. Y luego había otras exigencias de menos calado. Casi nada.
 La verdad es que la lista de refugiados en Qatar incluye a gentes tan diversas como la familia de Saddam Hussein, un hijo de Bin Laden, líderes talibanes, el anterior líder de Hamas, Khaled Meshal, o el clérigo al-Karadaui, la bestia negra del general al-Sisi de Egipto. A Meshal lo intentó matar el Mossad en Ammán en 1997 y solo la intervención del rey Hussein logró que los israelíes le enviaran el antídoto del veneno que le habían inyectado. Como en las películas. Confieso que no son el tipo de huéspedes que yo desearía encontrarme en el hall de mi hotel y también es cierto que desde Qatar se ha apoyado más o menos abiertamente a Hamas, a los Hermanos Musulmanes y a otros grupos sunnitas radicales en terceros países, a veces con la cobertura de organizaciones piadosas del ámbito privado, y eso no está bien, pero tendría más sentido que fueran otros quiénes se lo reprocharan. Sea como fuere, Doha haría bien en rectificar sobre este punto. Las relaciones con Irán son una cuestión de supervivencia para Qatar pues ambos países sacan el gas de la misma bolsa submarina, situada entre sus costas, y la deben gestionar conjuntamente. De ese gas vive Qatar. Y la base militar turca (un acuerdo de 2014 prevé estacionar en Qatar hasta mil soldados) es una cuestión de soberanía nacional.
 El caso es que el bloqueo ha aislado al emirato y le ha causado graves trastornos sin llegar a hacerle claudicar, y ha tenido la consecuencia de acercarle más a Turquía e Irán, que han acudido en su ayuda llevándole medicinas y comida y facilitando los sobrevuelos de sus aviones. Ahora el vuelo desde Madrid a Doha, pasando sobre Irán, dura veinte minutos menos que antes. O sea que han logrado lo contrario de lo que pretendían, lo que en castellano se llama hacer un pan con unas tortas.
 Inicialmente Donald Trump, que cada día pone de relieve más carencias, salió en apoyo de Riad y de Abu Dhabi y en contra de Qatar, presumiendo de que lo ocurrido era la primera consecuencia de su visita en mayo a Arabia Saudita, donde asistió a una Cumbre Árabe centrada en luchar contra el terrorismo y en aislar a Irán, que es una de sus obsesiones. Y lo hizo sin pararse a pensar que en Qatar tienen los EEUU la base aérea más importante de la región, al-Udeid, donde hay estacionados 10.000 soldados, que resulta esencial para los combates contra el Estado Islámico y que es imposible sustituir en el contexto actual porque ningún otro país de la zona aceptaría hoy una base militar de esas características. Un amigo norteamericano me comentaba, sarcástico, que lo más probable es que Trump no supiera que esa base existía.
 Pero como a nadie interesa que al-Udeid desaparezca y como la primera víctima de la crisis estaba siendo la misma coalición sunnita, comenzaron las gestiones de unos y otros para facilitar una salida diplomática que les permitiera a todos salvar la cara. Y a ello se dedicaron Omán y Kuwait, los europeos y los norteamericanos, sin demasiado éxito hasta que la CIA desveló que las pretendidas declaraciones del emir de Qatar, que estaban en el origen de la crisis y que el propio emir al-Thami siempre había negado, eran resultado de un burdo hackeo hecho desde los Emiratos Árabes Unidos. Una chapuza.  El caso es que un par de días más tarde, sauditas y emiratíes han rebajado sus exigencias y de trece demandas muy concretas han pasado a media docena de peticiones muy genéricas que tanto pueden servir para acabar con el problema permitiendo que todo el mundo salve la cara, como para mantenerlo vivo o en estado latente durante el tiempo que deseen porque lo que ahora demandan es luchar contra el terrorismo y el extremismo, no dar refugio a terroristas, no interferir en los asuntos internos de los estados, no instigar al odio y la violencia y en definitiva cumplir con el Acuerdo de Riad de 2013.
 En esa nebulosa cabe todo según convenga, desde silenciar a al-Yazeera y expulsar a los refugiados o no hacer nada. Y por eso su misma vaguedad facilita también su aceptación por parte de Qatar. De entrada Doha ha firmado con Washington un memorando para combatir el terrorismo, ha reformado su ley anti-terrorista de 2004 y ha prometido elaborar y mantener actualizada una lista de terroristas, y estas medidas han sido bien recibidas por todos y deben ayudar a calmar los ánimos y las suspicacias de unos y otros... a no ser que todo se complique con discusiones sobre qué es un terrorista y a quiénes incluir en la lista, que también puede pasar.
 A mi juicio podemos estar ante una crisis con mucho de artificial, pues para empezar la desencadenó un correo electrónico falso, y aunque la política independiente del pequeño emirato de Qatar es para sus vecinos un irritante constante que ya ha provocado problemas en el pasado, uno se pregunta por las razones para hacer estallar la crisis en este momento y no en otro. Y se me ocurren dos razones: la primera es la reciente visita de Donald Trump a Riad. Los líderes árabes allí reunidos se habían distanciado mucho de los Estados Unidos desde que Obama dejó caer al egipcio Mubarak, y por eso recibieron con alivio a un presidente norteamericano que ya no les pedía democracia o respeto por los derechos humanos y que afirmaba cosas como que "busco aliados, no la perfección". Y así, reforzados por el respaldo de los EEUU, han pensado que era el momento oportuno para ajustar viejas cuentas con Qatar.
 La segunda razón es tan vieja como la misma política y puede tener que ver con el deseo por parte del nuevo príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salman, de crear una distracción en el mismo momento en el que se movía entre bastidores para apartar al que hasta ahora mismo ocupaba ese puesto, su primo Mohamed bin Nayef, y colocarse él mismo en primer lugar de la línea de sucesión al trono. No digo que haya sido así pero parece plausible porque, por lo que se va sabiendo, lo que ha sucedido en Riad ha sido un auténtico golpe de estado palaciego, hecho con alevosía, nocturnidad y el apoyo de su padre, el rey Salman, pues al parecer bin Nayef se resistió a ser cesado y ahora está en prisión domiciliaria en su palacio de Jedda.
 Por eso, una vez que los americanos se han dado cuenta de que necesitan la base de al-Udeid, que dan prioridad a la coalición sunnita contra Irán, y que se ha consolidado el poder del nuevo heredero en Arabia Saudita, la crisis puede haber consumido toda su energía y llega el momento de buscar una salida Y en eso deberían estar unos y otros, dejando que tras la tempestad se imponga el buen sentido. Es lo que procuran las visitas de los ministros de Exteriores de los EEUU, Alemania, Francia y Reino Unido, y del propio presidente turco Recep Tayyip Erdogan. Por eso es de desear que el bloqueo de Qatar desaparezca cuanto antes y eso será una buena noticia para la región, lo que no quiere decir que Doha no deba andarse con cuidado en el futuro porque su misma supervivencia, su independencia política y su pequeño tamaño así lo aconsejan. La prudencia es de rigor en su caso por simples razones de realpolitik.
 Y mientras esta crisis tan extraña se cocía, he leído en algún lado que el flamante nuevo príncipe heredero saudita, de 32 años de edad, se ha comprado un yate de 500 millones de dólares. No sé si es cierto, pero si lo es comprendería que le moleste al-Yazeera.


***

 Jorge Dezcallar, que tuvo la generosidad de escribir el prólogo de Carta desde el Toubkal, publicó en octubre de 2015 su primer libro, Valió la pena (Península), donde cuenta recuerdos de su vida como diplomático y director del Centro Nacional de Inteligencia.


Sinopsis de Valió la pena:

 Jorge Dezcallar de Mazarredo quiso ser diplomático desde que, de pequeño, escuchaba fascinado las historias que le contaba su tío, el embajador Guillermo Nadal. Una vez que sus sueños se hicieron realidad, su carrera le llevó a Polonia, Nueva York, Uruguay –donde vivió un rocambolesco 23-F–, Marruecos –fue embajador ante Hasán II y Mohamed VI–, Roma –ocupaba la embajada del Vaticano cuando murió Juan Pablo II y el cónclave eligió a Benedicto XVI– y Washington, donde de nuevo vivió de cerca la historia con la victoria electoral de Barack Obama.

 La familia real, seis presidentes españoles, ministros de todos los colores, personajes como Gadafi, Carter, Sharon, Chávez o Arafat... A todos conoció y trató Jorge Descalzar. Como director del Centro Nacional de Inteligencia, los servicios secretos españoles, fue además testigo de primera fila de los atentados del 11 de marzo de 2004. Y no tiene empacho en reconocerse "marginado, engañado y manipulado" durante aquellos días, con la aparente intención –desde luego nunca confesada– de que el CNI siguiera defendiendo la posible autoría de ETA ante la opinión pública en vísperas electorales. Una estrategia no de Estado, sino de partido, que Dezcallar critica aquí desde su insobornable independencia.

lunes, 31 de julio de 2017

SUEÑOS ÁRTICOS O DE CÓMO COMBATIR ESTOS CALORES


Sueños árticos: una recomendación para estar más frescos este verano
Fotografía: Lucía Rodríguez

Si son de los que están hartos de que el telediario anuncie una ola de calor tras otra, y no soportan las playas atestadas de bañistas, les propongo que se sumerjan en las páginas de Sueños árticos hasta que llegue septiembre.

El libro del estadounidense Barry Lopez, recién editado por Capitán Swing, ganó el National Book Award en 1986, y constituye una especie de Biblia o libro de cabecera para viajeros, naturalistas y escritores de la talla de Robert Macfarlane, quien nos asegura en la presentación que Sueños árticos cambió el curso de su vida: "me convirtió en escritor".
En 1997, el verano en el que cumplí veintiún años, pasé varias semanas en el noroeste de Canadá escalando las Rocosas y recorriendo los caminos salvajes de la cuenca del Pacífico. Estuve solo durante largos periodos de tiempo, con horas y horas que llenar en tiendas de campaña, por lo que pasé mucho tiempo leyendo. Siempre que regresaba a una ciudad, entre viaje y viaje, me dirigía a la librería más cercana para hacerme con suministros. Estaba ojeando estanterías en Vancouver cuando encontré un ejemplar de Sueños árticos. Tenía poderosas razones para no comprarlo. Nunca había oído hablar de Barry Lopez. Su subtítulo (Imaginación y deseo en un paisaje septentrional) me pareció entonces propio de la novela rosa. Era caro para mis posibilidades. Y sobre todo, era pesado: cerca de quinientas páginas en papel grueso. Puesto que tenía que cargar a la espalda cuanto quisiera leer, había decidido evaluar mis posibles lecturas según la lógica propia del pemmican, ese concentrado alimenticio de los nativos norteamericanos: máximo aporte calórico intelectual por gramo. 
 Por algún motivo que ahora no puedo recordar, dejé a un lado estas objeciones, compré el libro y lo leí mientras recorría la costa oeste de la isla de Vancouver, acampado en playas azotadas por las olas y con la comida suspendida de los árboles y lejos de mi tienda, en consonancia con las normas para prevenir indeseados encuentros con osos. Lo leí entonces y me maravilló. Lo volví a leer, perdí el libro en algún lugar cerca de Banff (Alberta), compré otro ejemplar, se lo regalé a mi padre, se lo cogí prestado y lo volví a leer, una y otra vez, una y otra vez. Todavía tengo aquel libro (con una dedicatoria en tinta roja para mi padre fechada el 18 de agosto de 1997): el lomo está abierto, la portada rasgada, los márgenes colmados de anotaciones y las páginas se mantienen juntas con cinta adhesiva que ya se ha oscurecido. 
 Sueños árticos cambió el curso de mi vida: me convirtió en escritor. Es una combinación de ciencia natural, antropología, historia cultural, filosofía, periodismo y observación lírica que me mostró que la literatura de no ficción puede ser tan experimental en la forma y tan hermosa en su lenguaje como cualquier novela.
Robert Macfarlane

 Finalmente este mes de agosto voy a viajar a Albania, por lo que, como Macfarlane, voy a dejar esta lectura para cuando me adentre en Canadá y Alaska tras los pasos de Jack London. Seguro que sus páginas me animan a subir más al norte, a la zona de Inuvik y Tuktoyaktuk, esta última localidad ya en la costa ártica. Espero que sea el verano que viene. Aún así, y como lo tengo en la mesita de noche, no puedo resistir la tentación de abrirlo al azar y refrescarme en sus páginas.

 Por la mañana salí a la cubierta de proa y me quedé contemplando cómo se abrían limpiamente las olas verdinegras de dos metros para dar paso a la proa del barco. Acechantes tras la niebla, las moles de hielo que habían impedido conciliar el sueño a unos cuantos de nosotros seguían avanzando inexorablemente hacia el sur, coronadas por una guirnalda de silencio gris, incipiente bajo el aire frío. Solo con que hubiésemos rozado una la noche anterior, un estrépito de alarmas y bocinas habría desgarrado el buque. Nos habríamos precipitado escaletas arriba vestidos con el equipo de tormenta, camino de los minúsculos botes salvavidas, tropezando con las ropas mal puestas, arrastrados hasta el límite mismo de la supervivencia. El descenso al encuentro del hielo y la oscuridad entre olas de seis metros, el terror agazapado como un perro salvaje en el pecho.


 Todavía estaba oscuro y me pareció que llovía un poco. Aparté el faldón de la tienda. Un cielo de nubes empujadas por la tormenta cruzada velozmente la cara de una abultada luna. Tal vez se despejaría al amanecer. El tintineo que había escuchado no era de la lluvia, solo del viento. Una tormenta, camino de algún otro lugar.


 Los primeros narvales que pude ver vivían lejos de allí, en el estrecho de Bering. El día que los vi comprendí que ningún elemento de la historia natural de la Tierra me había hecho dar jamás un salto tan rápido hasta un tiempo tan remoto. Fue como si viera encarnarse ante mis ojos una figura salida de un bestiario, una criatura de un exotismo comparable al de una jirafa. Fue como si acabara de verificar a simple vista la prueba de la existencia de un ser cuya realidad no tenía motivos para poner en duda, pero en la que, sin embargo, no podía acabar de creer del todo; parecía una fábula demasiado extravagante.


 El frío provocaba congelaciones y amputaciones, terribles dolores de cabeza y letárgica entre la marinería de los barcos que permanecían anclados todo el invierno en aquellas zonas. No había ropas ni refugios capaces de ofrecer protección suficiente contra él. El frío, que volvía ardiente el metal al contacto, dificultaba y complicaba todas las tareas. Hasta la obtención de agua para beber representaba un esfuerzo. Y el mortal aburrimiento de los cuarteles de invierno en un barco húmedo y helado solo multiplicaba los temores al escorbuto y a la muerte por inanición.


 La entrada de una osera bien situada estará resguarda del viento y orientada más o menos hacia el suroeste, para aprovechar el calor del sol de la tarde. Los cachorros se asoman a este porche protegido y soleado algunos días después que la madre y durante las primeras semanas casi no se alejan de allí. La madre a menudo los amamanta allí tumbada al sol, con la espalda apoyada contra una pared de nieve. Los cachorros se tienden sobre su vientre. Mientras maman, la osa inclina la cabeza hacia atrás y mira al cielo o bien la hace girar lentamente de un lado a otro o mece suavemente a sus crías entre las patas delanteras.


 La capacidad del mar helado de destruir bruscamente un barco aplastándolo como una nuez entre dos piedras era una idea que atormentaba a las gentes hasta reducirlas a un estado de agotamiento, de abyecta capitulación. Durante días el hielo parecía estar jugueteando con el barco: lo levantaba lentamente un par de pies fuera del agua o lo inclinaba 15º a babor para retenerlo luego allí. Los hombres dormían durante semanas seguidas con las ropas puestas, preparados para abandonar el barco en cualquier momento, conscientes de que el tajamar de proa podía abrirse de pronto con un estallido y el agua verde empezaría a derramarse sobre ellos a través de la fisura. O cualquier noche podía ser otra de aquellas en las que el hielo se limitaba a murmurar contra el casco o aullaba como un fantasma y se encabritaba astillándose en medio de la oscuridad, pero lejos de ellos.

Y como no sólo hay literatura de viajes en los libros del género, mañana viajo a Albania acompañado de varias novelas de Ismaíl Kadaré, el más insigne de sus escritores. Nos vemos a mi vuelta.

Novelas de Ismaíl Kadaré que me acompañarán en mi viaje a Albania
Fotografía: Lucía Rodríguez